la frase del momento

"¿No es la cerveza la bebida de la sinceridad, el filtro que disuelve toda hipocresía, toda la comedia de los buenos modales, e incita a sus aficionados a orinar sin pudor y engordar con despreocupación?"

M. Kundera


jueves, 31 de mayo de 2007

La derrota de la voluntad

Un hondo vacío se ciñe en el pecho del derrotado y lo constriñe ahogándole el palpitar. No sentía esa lastimosa sensación desde aquellos tiempos, casi legendarios, casi quiméricos, que paladee con fervor mis amores no correspondidos. Ciertamente, el desengaño, ese desengaño del derrotado adquiere una expresión, una profundidad y una humanidad que le confiere una dimensión épica. Todo lo contrario del que logra sus objetivos. La explosión de emociones que le infunden el éxito le generan al sujeto un brillo en los ojos que se antoja un asomo de la soberbia que tanto despreciaban los griegos y que casi le cuesta el bigote a la hermosa Friné. Por un momento te hace creer infalible y te hace pensar ser el eje universal. Pésimo vicio que se acaba el día en que empiezas a pudrirte.

Pero volvamos al derrotado y esa inmensa humanidad que destila, porque en la derrota de la voluntad se manifiesta el inexorable contraste con la realidad. Se presenta como revelación en su mirada pasmada y su semblante agotado, ante la conciencia de que no hay nada que hacer. Yo llevo esa cara de pasmado desde hace tanto tiempo que la confundo con mi rostro. La verdad es que estoy tan abonado a ella que pienso que estoy enganchado a la derrota y me regocijo y me engancho a ella con la dependencia que genera todo vicio. No sé encarar las situaciones sin ella, es difícil afrontar los retos, por lo que me resulta más cómodo encomendarme a un invariable fracaso. De esta forma me limito a renovar mi penosa constante cara de pasmado. El problema es que como el alcóholico o el adicto al pegamento, no lo asumo y me estrello una y otra vez ante el muro que yo mismo me he erigido.

Pero a pesar de que, como no podía ser de otra manera, hablar de mí es una cosa que adoro con desmesura, no pretendía psicoanalizarme en este post. Hablábamos de la dimensión trascendental, epistemológica, metafísica, incluso moral del fracaso. La gran filosofía decimonónica, con Shopenhauer y Nietzsche como mis referentes favoritos, incidió con criterio en la importancia de la voluntad y el poder de ésta. No hay mejor título para ilustrar lo que digo que la obra magna de Don Arturo El mundo como voluntad y representación. Lejos de remitirme al nazismo, válgame Dios, aunque alguna alusión me temo que será inevitable, el quid de la cuestión está en la derrota de la voluntad y cómo se resquebraja, en virtud de ese contacto con la inconmensurable realidad, esa representación del mundo elaborada a golpe de voluntad.

Un solipsista, un eremita uraño feliz en su lejano desierto, vive satisfecho en su voluntad, nada permite cuestionar su representación sublime de esa realidad que existe en la, digamos, conciencia del sujeto. Ahora bien, la coña reside en la vida en comunidad, en la interrelación, ¡ea!, es decir, en eso de la política. La difícil articulación de voluntades, sensibilidades, prioridades diversas y variopintas. Convencer es un logro que confiere, de nuevo, esa soberbia tan despreciada, con ese criterio tan merecedor del apelativo de clásico que tan bien sabían llevar los griegos.

Ahí el tesón del proselitista. Ahí la furia del dogmático. Empeñados en que su caprichosa y estática representación del mundo se asiente, aunque sea con calzador. El mundo les da igual, el pragmatismo no existe, la felicidad no es un objetivo material, pasa en que su ideal personal no se resquebraje, aunque sea a fuerza de someter, de eliminar a aquello que lo ponga en entredicho. De ahí, el terrorismo, las cruzadas, la inquisición, como justificación moral, claro está. En definitiva, un dogmático jamás reconocerá la realidad y se dará de bruces siempre con ella, como una polilla en una bombilla (gracias, Iván, por tan formidable imagen que te tomo con descaro prestada).

Otra cosa es aquél que tiene afán de transformar la realidad. Aquél que pretende restituir una injusticia para poder dedicarse, después de ello a disfrutar de la vida tras arreglar un desaguisado. No disfruta de su causa, sencillamente es una necesidad y tener que convencer se convierte en una pesada carga. Pero, para variar, me estoy yendo por las ramas cosa mala. La cuestión es que este segundo, a diferencia del idealista dogmático, asume su responsabilidad cuando no logra convencer. No lo achaca a la impiedad del otro, sino a su incapacidad de convencer, toma conciencia, pues, del infranqueable salto manifestado entre su voluntad y la realidad y asume la impotencia. Es, pues, humano, demasiado humano.

Por fortuna, con todo.

martes, 8 de mayo de 2007

Puestos a comparar modelos

Tony Judt, cierto historiador gringo, clama, con la contundencia que se merece, lo siguiente en el diario El País de hoy:

El "modelo social francés", se nos dice a menudo, es disfuncional y ha fracasado. Si eso es así, bienvenido sea el fracaso. Los recién nacidos tienen más probabilidades de sobrevivir en Francia que en Estados Unidos. Los franceses viven más tiempo que los estadounidenses y tienen mejor salud (y con un coste mucho más bajo). Están mejor educados y poseen un transporte de primera categoría financiado con fondos públicos. La brecha entre ricos y pobres es menor que en Estados Unidos o Gran Bretaña y hay menos pobres. Es verdad que el paro juvenil es muy elevado, gracias a los obstáculos institucionalizados a la creación de empleo. Pero si los franceses sacaran a los hombres de piel oscura y de edades entre los 18 y los 30 de las filas del paro y los metieran en la cárcel como hacemos en Estados Unidos, sus datos de desempleo también serían favorables.

Uno que no deja de perder el gusto de plagiar al bueno de Antonio Machado con aquello de que por mis venas corren gotas de sangre jacobina agradece, con los tiempos que corren, declaraciones de esta índole.

lunes, 7 de mayo de 2007

El asno y el sabroso regusto de la miel

Si es que el refranero, ese mamporrero del lenguaje, lo expresa con meridiana claridad: No está hecha la miel para la boca del asno. No obstante, la cuestión es que el desdichado pollino, acostumbrado a un sino culinario basado en las desábridas algarrobas, poco acostumbrado está a la degustación de las dulces mieles sean del tipo que sean. Más habituado a cargar pesadas alforjas ante la infructuosa y cruel espectativa de degustar una simple zanahoria, imaginaos el caudal de sensaciones, impresiones e incluso emociones que se apoderarían de él en el momento en el que le dejaran, no sé si de forma igualmente cruel, con la miel en los labios. Como una revelación, como un fugaz episodio místico, sus maltratados morrazos hechos, a golpe de resignación, al sinsabor de la algarroba gozarían por un instante efímero, apenas aprehendido, de la dulzura de mil flores.

Después de ese solemne roce con lo más cercano a la idea de belleza, perdónenme este lamentable desliz platónico, que se haya encontrado nunca la acémila, cómo puede ésta reaccionar. Paladeando todavía el regustito dejado en su hocico, rememorando ese instante sublime en el que ha descubierto que, al menos en el paladar, este mundo no tiene que ser necesariamente un valle de lágrimas.

viernes, 20 de abril de 2007

Ejemplos edificantes de sano cortoplacismo en la Amazonía

Explica en 1941 el ingeniero Julio César Granja en su relato nacionalista reivindicativo del Oriente ecuatoriano:

Esta vez, en el Puyo, el domingo no tenía sino un olor a taberna
Julio César Granja, Nuestro Oriente, 1942, p.33.

Hay cosas que, afortunadamente, no cambian.

Desde el foro que me brinda la red aprovecho para lanzar un ecuménico homenaje a las gentes de Puyo, la provincia del Pastaza y el Oriente ecuatoriano en general, al ser un ejemplo sabio y humilde de cortoplacismo saludable y de perfecta concepción vital. Porque la humanidad se desarrolla con más naturalidad en medio de la selva que entre cemento y anonimato. Que el progreso no os lleve a la alienación, amigos.

Permitidme un par de ejemplos de superioridad moral de gente de esas tierras todavía no contaminados por la decadencia espiritual cristiano-capitalista:


Las mujeres reanudaron el primer baile cantando; “Ya la chicha nos ha bien emborrachado, ahora sí estaremos muy alegres, y si los hombres pidieran nuestros favores a todos se lo concederemos”.[...] Siguieron otros bailes totalmente salvajes, con aullidos y silbidos, y que creo inútil narrar. Se terminó esa saturnal solamente a eso de la medianoche al desaparecer la luna.
Vicente Bravo, Viaje al Oriente, 1906, p.28.

Ni bien tienen chance de conservar bastante carne ahumada para su necesidad de algunos meses, pasan la mayor parte del tiempo recostados en sus hamacas en la inmovilidad más completa.
Gaetano Osculati, Exploraciones de las regiones ecuatoriales, 1846, p.141.

jueves, 19 de abril de 2007

De los viajes súbitos y efímeros

Siempre es interesante reencontrarse con uno mismo indagando en el interior de los demás y descubrirse con sorpresa ante lugares y situaciones otrora desconocidos. Comprender mis propias reacciones me ayuda a asumirme, pero también amplía mi limitada capacidad de reflexión. Será por eso que adoro viajar...

Es la Normadía una tierra húmeda y rica, que se sobrepone con fuerza a sus circunstanciales moradores. Éstos han sabido respetarla y cabalgar a su lomo, y son grandes amantes de la sidra y el Calvados. La paz del Sena embriaga, y los bosques en primavera hacen pequeñas las paletas de los impresionistas, tal es su riqueza.

Rouen brilla con fuerza prestada por los jóvenes estudiantes que, provenientes de los más remotos rincones del mundo, buscan una enriquecedora experiencia, menos académica que social. En efecto, la vida cosmopolita de una ciudad universitaria, en contraste con el carrinclón reaccionario y carca de pueblos y urbes castizos, es una de las pocas visiones que mantienen mi fe en una sociedad más sensata, emanada y levantada necesariamente por una generación postmoderna, desligada de los traumas y prejuicios de otros tiempos moribundos.

Recuerda el Sena, a su paso por Rouen, aromas de París, ese gran monstruo frío y cautivador, y nos cuenta historias de su apacible paso por el pequeño Vernon. Contemplando desde esa soleada orilla los cipreses de la otra vera, a los que aún percibo como muy lejanos, pensaba en la inexorable fuerza con la que las aguas arrastran hacia el mar, y a la vez en cómo un minúsculo abrojo es capaz de cambiar, desde su remoto nacimiento, el curso de un río. Y me pregunto cuál fue el abrojo de mis aguas...

Entretanto, seguiré pescando cual ánade distraido esperando el próximo tren hacia ninguna parte.

Platón, todo lo que representa y la madre que lo trajo

Siempre he detestado con toda mi alma a Platón. Es de esos odios que gozas y en los que te regodeas con ese placer que sólo la indignación es capaz de generar con tanta voluptuosidad. Ciertamente le desprecio a él y, sobre todo, a cuanto representa. Significa el triunfo de cuanto depravado puede crear la conciencia humana, desde el elitismo más arrogante y mezquino al perverso y absurdo idealismo más alienante, tan despreciativo de la vida, actitud que, en definitiva, todo cortoplacista que se precie ha de denunciar y que, como no cabía de otra manera, para ello aprovecho el foro que me brinda graciosamente la red, por lo que proclamo a los cuatro vientos cibernéticos:

ME CAGO EN PLATÓN Y EN TODO LO QUE REPRESENTA

Nada es más depravado que el idealismo porque supedita a la realidad sensible, a la vida en definitiva, respecto a ideas preconcebidas, inalterables, inexcrutables la mayor de las veces, que no se desprenden de ésta y con la que, constantemente se da de bruces. Hay un músico por ahí que lo dice con mucho más salero que yo, dónde va a ir a parar:

Creí que me había equivocado,
luego pensé
que estoy bien aquí en mi nube azul.
Todo es como yo lo he inventado
y la realidad trozos de cristal
que al final hay que pasar descalzo.

Éste es el feo vicio del amor platónico, que en vez de gozar de la vida y sus placeres, de compartir con otra persona momentos enriquecedores, tanto agradables como árduos, lo bueno y lo malo de las relaciones humanas, prefiere crear una cómoda e irreal idealización de una persona a modo de tótem venerable, para dirigir unos hipócritas actos onanistas espirituales. No cabe duda que es una patada a la vida y sus placeres y desde este foro del cortoplacismo nos vemos obligados a denunciarlo y con él a todas las alienaciones que en torno a la idealización sentimentaloide se generan.

lunes, 26 de marzo de 2007

Una sola letra marcó la diferencia.

Una sola letra marcó la diferencia.

Esa letra demostraba que nunca le había importado. Era indiferente de quién se tratase porque, al fin y al cabo, el tema no podía trascender. Solo tenía que estar ahí, latente, en una constante dependencia que mantuviera su autoestima, y solo eso hacía que fuera triste perderlo.

Una minúscula n en un 12 de febrero marcaba la diferencia entre lo humano y lo espiritual, entre él y cualquiera. Y, a la vez, le daba sentido a todo. Justificaba, precisamente, que aún cuando la negativa había sido sempiterna, pudiera existir tristeza en la pérdida.

Quemando etapas

Si en una vuelta ciclista uno pudiera ir cambiando el trazado libremente y abandonar una etapa para buscar otra distinta, sería una gran metáfora de la vida.

Agotado ya de esta cadena de montañas y contrarrelojes, yo me apeo aquí, buscando una temporadita de curvas de ciudad en las que derrapar, a mi aire, sin pensar en el pelotón.

La montaña tiene su encanto, pero yo estoy cansado y el paisaje cada vez es más árido y desagradable. Mucho me temo que en la cima no habrá flores. Y no soy corredor de contrarreloj. A mi me gusta ver el paisaje y platicar con los compañeros de pelotón, no avasallarlos y dejarlos atrás.

Sé que en la calma de mi playa, en mi apacible ciudad, echaré de menos los arroyos del monte, el crujir del neumático en las piedras del camino, la frialdad de la brisa matutina cargada de aroma. Sé que en el aburrido asfalto contaré a las ratas de cloaca del color tostado de las ardillas.

Sé que muchas veces me arrepentiré. Pero siempre habrá tiempo de buscar otras etapas, porque esta vuelta aún no termina.

De sátiros y musas

El viejo Hank, para muchos un modelo a seguir, todo un visionario, irreverente, inconformista, con claras convicciones y fuerte carácter, alguien único. Para tantos otros un escritor mediocre, hecho a su personaje, voluble y comercial.

Al margen de si se trató de un personaje autoinventado, lo cierto es que Charles Bukowski describía el modelo ideal y exacto del cortoplacista.

Sus profundas reflexiones políticas, filosóficas y sociales estan imbuídas de un pesimismo tal que, inexhorablemente, desembocan en un transcurrir en la levedad más nihilista.

Buena prueba de ello es su satirismo galopante.

Antes de seguir quisiera aclarar al lector la diferencia sustancial, para mi, entre un misógino y un sátiro.

El misógino es un ser mezquino y amargado que desprecia a las mujeres. Las detesta y, en ocasiones, exterioriza su frustración relacionándose con ellas para maltratarlas.

El sátiro, en cambio, es un ser sensible, que respeta a las mujeres. De hecho, las respeta más de lo que ellas mismas se respetan, y así le va. Su resignación espiritual proviene de la comprensión y el entendimiento, que lo convierten en una persona vitalista, que trata de aprovechar lo mejor que le ofrece la vida. En el fondo, un cortoplacista.

Pensaba en todo ésto la otra tarde observando, a través de la inefable ventana al mundo que es internet, una pintura de Jean-León Gérôme.

No es que sea yo una persona culta y sensible, entregada al arte y a la vida contemplativa (bueno, eso último sí). En realidad fue el pesao de Jacobino quien me pasó el enlace, acabando con mis ensoñaciones onanistas.

Describe el cuadro la situación del tribunal donde era juzgada Friné, de la que se decía que era la mujer más bella, acusada de impiedad. Cuenta la leyenda que en un alarde de ciencias jurídicas, el abogado defensor, Hipérides, hizo desnudar a la bella Friné y arguyó con vehemencia: "¿Realmente creen sus señorías que tan celestial criatura puede haber sido sujeto de tal delito?". No pudieron los jueces por menos que reconocer que a la modelo de Praxíteles le sobraban los motivos para compararse con Afrodita. Distinto hubiera sido el juicio contra Sócrates por el mismo delito, como entenderá el lector.

Ciertamente era el sensible Gérôme un auténtico sátiro, como demuestra su tenacidad: en 1890, 29 años depués del cuadro del juicio de Friné, desató un nuevo escándalo con el cuadro de Pigmalión y Galatea. Pero más sátiro aún era Hipérides, el defensor de Friné. No me cabe duda alguna de que Bukowski, de haber vivido en el año 300 a.C., hubiera ejercido encantado de Hipérides, desnudando a Friné y alardeando posteriormente de haber convencido al areópago desde sus más bajos instintos. La única diferencia es que Hank lo hubiera hecho borracho y no hubiera escatimado recursos en acabar la noche en la alcoba de la hetaira...

miércoles, 14 de marzo de 2007

Incompetencia empresarial

Ignoro qué enseñarán en las escuelas de empresariales pero especulo que, básicamente, pura bazofia. Imagino que tendrán tan sorbido el cerebro con eso de maximizar los factores de producción (si no empleo correctamente la jerga, ruego me perdonen) que se olvidan que los trabajadores, mal que les pese, o, yendo con malicia, por mucho que les ponga esa idea, no son meros engranajes de hierro colado. Seguro que los más sutiles detalles de la microeconomía son fundamentales para la gestión y formación de una empresa, no lo pongo en duda, ni mucho menos, pero deberían tener, de la misma manera, principios básicos de psicología, ya que, si tuviesen presente eso de la motivación contemplarían cómo la productividad e implicación del trabajador varía favorablemente.

Por ejemplo, en el ámbito de la atención telefónica, campo en el que estoy ahora inmerso, tienen, sin ir más lejos, la consigna de escatimar incentivos con pejigueras absurdas para ahorrarse cuatro chavos. Hay ejemplos ridículos, como criticar el uso de los pronombres para recortar incentivos que más que , evidentemente, animar a un mejor servicio, implicando al trabajador con la empresa, tienen el efecto contrario y generan la certeza al empleado que poco importa lo que haga de tal forma que se relaja en su trabajo. Bastante poco se paga, menos se valora su trabajo, poca trascendencia tienen sus actos en una estructura que reproduce y magnifica los vicios kafkianos, que el trabajador se adapta a ellos. De hecho, es habitual que el teleoperador busque mecanismos humanizadores, tan agradecidos para cliente y trabajador, que son penalizados en los parámetros de esa demencia que se da por llamar, no sé con qué cordura, calidad.

Ciertamente, parece que en las mentes, no creo que precisamente privilegiadas, que estructuran el funcionamiento de este servicio, su aspiración es crear una alienación absoluta del cliente y teleoperador, no sé si fastidiados de tener que tratar con personas y no con, snif, máquinas. La gracia es que no sé si se dan cuenta que ellos también son, quién lo diría, personas y tan prescindibles o más son en todo el eslabón de la producción o lo que coño sea todo esto. Dudo de que estén inmersos en la precariedad laboral y alienación de los teleoperadores, pero sin duda son los responsables del desvarío de un sistema que prima un absurdo que, efectivamente, haría las delicias de Kafka. Por eso, yo me río de las alarmas sobre la productividad del trabajador español. No es que me guste culpabilizar, que también, pero si a alguien hay que señalar al respecto es a la cultura empresarial en la que estamos inmersos y a sus responsables. Desconozco si gozan, inmersos en un extraño y perverso complejo de poder, de los despidos masivos o el mero chuleo rutinario al currante, pero si alguien es responsable del funcionamiento de una empresa son los pánfilos que la gestionan, y al igual que el entrenador de fútbol que no consigue resultados, éstos, y no los jugadores que están día a día sacando las algarrobas, son los que tienen que irse masivamente a la puta calle.

En una sociedad que está incorporando, mal que bien, la cultura democrática a todos sus ámbitos, debería plantearse otro modelo de estructura empresarial que incorporase la voz de los trabajadores y limitase la gratuita y en innumerables casos, arbitraria verticalidad, habida cuenta de los beneficios estructurales que ello genera. No es un modelo inaudito, de hecho el modelo, sin ir más lejos, alemán tira, en mayor medida por ahí con mejores resultados que la empresa española. Si realmente hay partidos de mínima izquierda en este país, deberían tirar por ahí.