la frase del momento

"¿No es la cerveza la bebida de la sinceridad, el filtro que disuelve toda hipocresía, toda la comedia de los buenos modales, e incita a sus aficionados a orinar sin pudor y engordar con despreocupación?"

M. Kundera


jueves, 26 de junio de 2008

De nuevo, entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Jazz y rock; Milan Kundera y Robe Iniesta

Con la elocuencia que le caracteriza, Milan Kundera nos ilumina con las siguientes palabras:

En los conciertos de jazz se aplaude. Aplaudir quiere decir: te he escuchado atentamente y ahora te manifiesto mi estima. La llamada música rock cambia la situación. Hecho importante: en los conciertos de rock no se aplaude. Sería casi un sacrilegio aplaudir y dar así a entender la distancia crítica entre el que toca y el que escucha; en ellos no se está para juzgar y apreciar, sino para entregarse a la música, para gritar junto con los músicos, para confundirse con ellos; en ellos se busca la identificación, no el placer; la efusión, no la felicidad. En ellos uno se extasía: el ritmo se marca con fuerza y regularidad, los motivos melódicos son cortos e incesantemente repetidos, no hay contrastes dinámicos, todo es fortissimo, el canto prefiere los registros más agudos y recuerda el grito. Ya no se está en los pequeños dancings en los que la música encierra a las parejas en su intimidad; ahora estamos en grandes salas, en estadios, apretados los unos contra los otros, y, cuando se baila encajonado, no hay pareja: cada uno hace sus movimientos a la vez solo y con todos. La música transforma a los individuos en un único cuerpo colectivo: hablar aquí de individualismo y hedonismo no es sino una de las automistificaciones de nuestra época, que quiere verse (como por otra parte lo quieren todas las épocas) distinta de lo que es.
Kundera, Milan: Los Testamentos Traicionados. Barcelona, editorial Tusquets, 2003, p. 99-100.

Resulta enternecedor cómo el bueno de Kundera nos transporta, a través de la cultura de masas, de una forma más o menos inconsciente, a la entrañable dicotomía típica de la cultura/civilización (por eso de evitar el peñazo y vácuo debate franco-germánico entre cultura y civilización) occidental que se sacó de la manga el soso de Aristóteles y refrescó el personajillo entrañable de Nietzsche. Desde luego, Milan atina como acostumbra en su observación. Tampoco es una reflexión precisamente original. La cuestión reside en que el ingenioso escritor se ve impelido a tan académica distinción y apenas logra disimular sus preferencias, el muy apolíneo de él.


El Honrado Consejo del Piso Franco tuvo a bien desplazarse hasta la inhóspita y salvaje ciudad de Reus para comprobar los extremos de un concierto de esa llamada música rock que nos describe Kundera a través, ya que nos ponemos, de ese grupo que se hace llamar Extremoduro que tan caro es para nosotros. Las conclusiones que sacamos de la observación participante llevada a cabo son demoledoras. No vamos a decir que el bueno de Milan no tiene ni idea (aunque nos lo pueda pedir el cuerpo serrano y se deje llevar por juicios precipitados) ya que para gustos los colores y algo hay de generacional (que mi santo padre, sin ir más lejos, se pirra por un concierto de Serrat y tampoco entiende el rock).


Con el permiso del novelista, nos permitimos considerar lo que nos ofrecen estos señores un verdadero espectáculo, no total, como dirían los modernistas, pero sí muy completo. Efectivamente, el público no resulta un mero espectador que fríamente juzga y aprueba a través del aplauso, sino que participa y se implica, siendo una parte sustancial del ambiente. No es sólo un mero placer para melómanos exigentes, es también una liturgia espectacular en la que entran múltiples elementos. De esta forma, el músico se convierte, a su vez, en un maestro de ceremonias obligado a marcar los tiempos generando empatía con el universo estético montado en torno a la banda.


En esto es un gran especialista el tal Robe Iniesta, que se ha creado un personaje, entre hombre y mito, que da significado al grupo, formando parte consustancial del universo estético de Extremoduro, íntimamente coherente en sí mismo, parte de una manifestación artística que incorpora más elementos que los meramente musicales. Es música, sí, pero también poesía, escenificación, representación y manifestación de un sentir consecuente con su tiempo.


Estamos, pues, ante una música que lleva a las emociones, que empatiza y te hace comulgar con el músico y el resto de asistentes, envolvíendo el ambiente. Entiendo perfectamente que no gusten sus conciertos, porque son absorventes y no dirigidos a catecúmenos. Son espectáculos, entrando en la dicotomía mencionada, dionisíacos. Nada que ver con la serenidad apolínea de Kundera.



Coda: Teníamos preparado un video del concierto mencionado que ilustraría convenientemente lo dicho, pero estamos pendientes de los retoques oportunos ya que el sonido está saturado y se oye fatal. Cuando esté listo, lo compartiremos con la inmensidad de la red.

viernes, 13 de junio de 2008

Volviendo al viejo Hank

En anteriores entregas, ya habíamos comentado que el viejo Hank era un referente moral en el Piso Franco. No en balde, nos ofrece una impagable cobertura ideológica. Valga como ejemplo el siguiente pasaje de su novela Mujeres:

-La primera cosa que me gustó de ti -me dijo Lydia-, fue que no tuvieras televisión en casa. Mi ex marido se pasaba todas las noches y todos los fines de semana viendo la televisión. Hasta teníamos que supeditar el sexo a los horarios de televisión.
-Humm...
-Otra cosa que me gustó de tu casa fue que estaba guarra, con botellas de cerveza por todo el suelo y montones de basura por todas partes. Platos sucios, manchas de mierda en el retrete, costras en la bañera, todas esas cuchillas de afeitar oxidadas tiradas por el lavabo. Supe que serías capaz de comerme el coño.
Bukowski, charles: Mujeres. Barcelona, editorial Anagrama,1994. p. 22.

Nuestra innata humildad no nos permite presumir de nuestras habilidades amatorias (aunque permítanme aclarar que en el Piso Franco siempre estamos dispuestos para la deliciosa actividad del cunnilingus y años de experiencia nos avalan), la cuestión es que nuestros habituales sin duda no podrán evitar las comparaciones. No voy a ser yo el que relacione las sublime actividad sexual mencionada con las condiciones del hábitat, pero sí que voy a reconocer el capote de legitimidad que nos brinda el bueno de Hank. Así que, no se nos quejen tanto de las cucarachas.

lunes, 9 de junio de 2008

Lo obsceno en la moral de masas en la sociedad de la información

Tengo una sensibilidad extraña, lo reconozco. En múltiples ocasiones me veo asediado por mis emociones sin esperarlo ni comprenderlo. Asumirlo y no verme dominado por ello supongo que es el reto de madurar.

Por casualidades de la red, me he visto ojeando lo que me ofrecía un invento cibernético, creado por una poderosa corporación informática, llamado my space. Sin comerlo ni beberlo, me he visto ante las diferentes fotos que han ido colgando, a mi modo de sentir, obscénamente, diferentes conocidos en grados diversos, recopilados en la red de contactos de una cuenta de correo.

El sentido del pudor es diverso como la moral. Para mi sensibilidad, resulta mucho más obsceno y sofocante compartir momentos de intimidad personal, vacaciones, celebraciones familiares... que otros habitualmente considerados impúdicos, como la desnudez o directamente, el acto sexual. La desnudez, o directamente, cualquier motivo mínimamente lúbrico, difícilmente trascenderá los impulsos sexuales del espectador, o la mera repulsa en caso de ser una visión desagradable.

Ahora bien, mostrar detalles de la vida personal, sin afán artístico, como mero testimonio, es trasladar etapas de la vida que implicaron cierto significado para el sujeto, pero que al espectador ajeno, ignorante de ese valor, se le antojaran, poco más o menos, muestras vanas de momentos intrascendentes que pueden generar vergüenza o desazón, al palpar de forma manifiesta la intrascendencia del individuo en una sociedad de masas, al reproducir instantáneas comunes, repetidas hasta la saciedad, de un cumpleaños con tarta, el nacimiento de un familiar desconocido, o unas vacaciones en la playa.

En definitiva, es impúdico al no saber diferenciar entre lo familiar y lo extraño, al no entender que hay público que disfrutará viendo esas fotos, ya que compartirá el significado de las mismas y otro que se sentirá vacío y más ajeno del sujeto del que, en un principio, podía sentir, al percibir de forma clara la distancia que realmente hay.


***Empiezo a pensar que tendría que hacerme con un biombo, para hacer un espacio en la habitación filosofía para el bello campo de la moral. Reflexionaré al respecto.***

miércoles, 7 de mayo de 2008

Satusfacción

Hoy me he dedicado a una de mis mayores aficiones, uno de esos placeres que te reconcilian con el mundo. Sí, efectivamente, hoy he consagrado la tarde al dolce fer niente, con total voluptuosidad, con mayúsculo descaro. No es que anduviera inmerso en una actividad estajanovista como en otros tiempos, pero sí, me he quitado recientemente de encima una incómoda carga, de esas que te permiten pasar página de una mera fuente de tedio.

Así es, como el lector perspicaz habrá imaginado, ya me he quitado de encima el vano CAP. En breve las autoridades competentes, Dios mediante, certificarán mi supuesta, aunque indudable, aptitud pedagógica, para que pueda campar por los institutos de este país dando lecciones de moderación a los incautos mozalbetes. Con la satisfacción del deber cumplido, casi la misma que debió sentir precipitada y frívolamente nuestro querido Bush cuando osó clamar aquello de misión cumplida (por más que evoque aquello de risión cumplida de los pirados de Mamá Ladilla) con lo de Irak, me he sumido en un gozoso stand by de ocio y siesta, cogiendo fuerzas y espíritu para la siguiente tarea vanal pero ineludible: cubrir el expediente con la parida esa del DEA (menudo festival de siglas pretenciosas y hueras que me estoy tragando), dándole, así, gusto al Estado para que me permita formar parte de sus cohortes.

Tras este paréntesis, aprovechado para compartir con la inmensidad de la red mi dicha, vuelvo a mi actividad ya mencionada, con la deliciosa lectura del bueno de Jacques Le Goff.

Sean buenos.

domingo, 4 de mayo de 2008

Concurso de micro-relatos

El de los micro-relatos es un formato que está muy de moda últimamente. Se sabe que en el piso franco toda moda resulta efímera, pero como estamos todos atacados de egolatría, pues para no ser menos, lanzamos nuestra modesta contribución al género que, cual Quijote, significará un punto de inflexión en la historia de la literatura:

"SMS: -Son las 4 de la madrugada y todavía no me has escrito. ¿Ya no me quieres? No piensas en mí. Ya no es como antes..."

sábado, 26 de abril de 2008

Stand by

Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.

Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.

Ideario, de Francisco M. Ortega, del libro Cuenta atrás.

jueves, 10 de abril de 2008

Los valores de la escuela

Es por todos sabido que de un tiempo a esta parte se ha establecido como moda en los círculos pedagógicos el insistir en la educación en valores contraponiéndola e infravalorando con ello los llamados contenidos. Tal planteamiento olvida que el mayor valor de la escuela es el conocimiento como fundamental vía para la igualdad y la emancipación del individuo. Parece que la pretensión es establecer una especie de catecismo laico con el que exhortar a los nenes a ser regidos por buenos sentimientos, lo cual sólo parece hallar reacción por parte de los representatantes del catecismo de toda la vida, el católico, para asegurar que el campo de la moral es espacio de la familia, un planteamiento aún más perverso que sume todavía más al individuo. Y es que la moral es patrimonio del individuo y la cuestión es que cada uno pueda construir la suya propia lo más sólidamente posible, con los mayores elementos de juicio posible.

La cuestión es que tan voluntariosos pedagogos diríase que juzgan las distintas disciplinas académicas que se imparten como algo gratuito y arbitrario, un mero marco donde llevar a cabo terapias de grupo. Pero el estudio de la ciencia no es algo ni mucho menos gratuito ni exento de valores fundamentales. La responsabilidad, el afán de superación, el racionalismo, el trabajo metódico y, en definitiva, el conocimiento del medio que nos rodea y sus principales instrumentos son, sin lugar a dudas, los principales valores a inculcar a cualquier persona y, desde luego, de cualquier institución académica. El tener que decir esto, a estas alturas, resulta una recesión.

Nada es más reaccionario que socavar la fundamental función de la educación de permitir la igualdad de oportunidades, construyendo de esta forma una sociedad meritocrática. Pocos axiomas tengo en esta vida, pero uno incuestionable es el inmenso valor de una educación pública potente. No es casualidad que los países más prósperos e igualitarios mimen su educación pública y sea ésta dominante. Nada resulta más agotador y desolador que tener que insistir constantemente en ello.

sábado, 15 de marzo de 2008

"Hay que mantener la tensión"

El 9 de marzo tuvieron lugar las elecciones generales, en un principio, máxima expresión de la soberanía popular, apoteosis de la democracia y de la pluralidad de la sociedad. Pero, ¿alguien tiene claro qué es lo que se votó en estas elecciones? En un principio se eligieron los representantes para la próxima legislatura de las Cortes Generales, pero los españoles llamados al voto no hemos tenido demasiadas oportunidades de conocer los proyectos y prioridades que planteaban las principales fuerzas políticas que concurrían en estas elecciones para los próximos cuatro años. Eso, parece ser, era lo de menos, la cuestión estaba en ver quién era laureado con la presidencia del gobierno, algo que, en un principio escogen los ilustres diputados.

De hecho, se han presentado estas elecciones como una suerte de concurso de belleza un tanto peculiar. El PSOE lo ha tenido claro, antes de proponer nada, no vaya a ser que desagrade a alguien, se ha dedicado en la campaña electoral a compararse con el PP. El PP, por su parte, ha procurado atraer el descontento respecto al PSOE. De esta forma, las dos formaciones políticas más poderosas se han entregado a competir por ver quién de los 2 era el menos feo. Con semejante panorama y con una puesta en escena especialmente burda -cómo olvidar el engendro que poblaba las vallas publicitarias con el "si tú no vas, ellos vuelven"- se antojaba complicado que movilizaran al electorado. De ahí la necesidad que en un principio se le escapó al candidato socialista por Madrid al finalizar una entrevista televisiva de "mantener la tensión", como si de una novela de misterio mediocre se tratase. Por supuesto, como en toda novela de misterio que se precie, contamos con un giro inesperado -con asesinatos sorprendentes y todo- que nos brindó la tensión dramática que se requería -huérfana incluida-, en este caso, para acudir en masa a las urnas.

Así pues, 25.514.671 españoles fueron a votar, el 75% del censo, de los cuales 11.064.524 al PSOE y 10.169.973 al PP. Un éxito de la puesta en escena, sin lugar a dudas, pero no sé en qué situación deja a la desvirtuada democracia española. Siempre había preferido un régimen parlamentario sobre uno presidencialista, porque resulta, en un principio, menos personalista y más deliberativo, pero cuando el funcionamiento pierde su lógica inicial y adquiere, como es el caso, un planteamiento presidencialista en una estructura parlamentaria, se desvirtúa el sistema y se convierte en algo disfuncional. ¿Cuántos de esos millones de votantes acudieron en clave presidencialista? Un misterio. Lo que sí que está claro, es que no era exactamente una elección entre Zapatero y Rajoy para lo que nos habían convocado el 9 de marzo, por lo que si se separase la elección del presidente del gobierno de la elección para las Cortes Generales, cuanto menos, separaríamos el concurso de belleza de la elección de los diputados, con lo que al menos se sabría qué estamos votando.

martes, 19 de febrero de 2008

Orfandad cibernética

Sumidos en letargo invernal cual admirados osos, hemos osado dejar en una decadente orfandad cibernética al malogrado blog del Piso franco. Posiblemente es de admirar el tesón que pone la gente en las cosas y en particular en eso de actualizar sus blogs personales. Pero el respetable comprenderá, si ha tenido ocasión de familiarizarse con el cortoplacismo, que es una cuestión de coherencia intelectual, especialmente en aquello que uno ejercita como diletante, que a falta de especial inspiración o energía, más vale centrarse en otros menesteres. En definitiva, qué queréis que os diga: Sí, hemos estado excepcionalmente vagos. La casa sigue en el estado de insalubridad acostumbrado y advierto a la concurrencia que la situación no tiene visos de cambiar. Ya se verá. De momento suelto alguna letruja para ejercitar los músculos de la mano con alguna actividad que requiera movimientos diferentes al del onanismo habitual.

jueves, 7 de febrero de 2008

Relaciones sociales dominantes y recesivas

Karl Marx, en su inmensa sabiduría, ya percibió la capacidad de las relaciones sociales dominantes de configurar el resto de relaciones sociales a través de lo que tuvo a bien llamar ideología. De esta forma, en nuestra bendita sociedad de consumo con una velocidad pasmosa se ha concebido la actividad política, teóricamente canal de participación en relación de igualdad de los individuos en lo común, como una relación mercantil. De esta forma, los partidos políticos son percibidos, y como tal se comportan, como organizaciones que ofrecen servicios políticos de la misma forma que una operadora telefónica ofrece linea. Así pues, lo único que diferencia al PSOE de Movistar es el mercado en el que se desarrolla. Pero la organización, las técnicas y la ambición de ocupar su cuota de mercado en un sistema decididamente oligopólico son, en gran medida, las mismas. De la misma forma que se entiende la relación profesional del perversamente llamado capital humano de una gran corporación, la actividad política en un partido político se concibe como un medio de promoción personal. Pobre del idealista obsoleto convencido de su responsabilidad de participar, implicarse e influir en la vida democrática militando en un partido político, ya que será visto con sospecha, al menos, como un interesado.

Pero esta percepción de la militancia en un partido político no hace sino profundizar en este vicio tan atinadamente denostado y, ciertamente, tan generalizado. Precisamente, si dejamos la actividad política a los trepas mediocres no sólo expulsamos de ese ámbito importante a la gente válida, con principios y capacidad, sino que daremos legitimidad a que, efectivamente, la política se aleje de la sociedad y sus retos para convertirse en un medio de promoción personal. Efectivamente, para que la democracia no se desvirtúe y sea efectiva, se requiere que los partidos políticos sean los canales de representación de la sociedad y para ello es imperativo un control de la misma. Cuanto más implicada esté la sociedad en la política, más responderá a sus necesidades. Cuanto más denostados estén los partidos políticos, como mero medio de promoción personal, mayor camino expedito se le deja a las redes clientelares habituales. Porque aquí reside una de las paradojas de nuestro tiempo. A pesar de un capitalismo que lo impregna todo, hasta el punto de convertirse la política en un mercado más, precisamente los partidos políticos se han convertido en el último reducto del feudalismo, ya que es una estructura social que se basa en la mera fidelidad, en este caso, al aparato del partido.