la frase del momento

"¿No es la cerveza la bebida de la sinceridad, el filtro que disuelve toda hipocresía, toda la comedia de los buenos modales, e incita a sus aficionados a orinar sin pudor y engordar con despreocupación?"

M. Kundera


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sábado, 2 de agosto de 2008

Humor ambiguo



Uno de los mejores humores es el ambiguo, el que navega entre lo absurdo y lo creíble, haciéndote dudar de que realmente pueda haber sucedido. No he podido resistirme a colgar este grandioso gag en el que se muestra -valga el tópico- la capacidad de los estadounidenses de reirse de si mismos. Es imposible no dudar de que sea verídico.

sábado, 26 de abril de 2008

Stand by

Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.

Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.

Ideario, de Francisco M. Ortega, del libro Cuenta atrás.

lunes, 19 de febrero de 2007

Del bosque de tu alegría

Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas.
Porque de ti volví a aprender lo necesario.
Pan, casa, destino, camino.
De ti volví a aprender.
Del bosque de tu alegría.
De manos de tu sereno misterio.

Quedaba mucho por hacer:
arreglar la huerta,
hablar con los perros,
pasear por las orillas del otoño.
Quedaba mucho por hacer.
Quedaba mucho.

Porque de ti volví a aprender lo necesario.
A prescindir de lo inútil,
que nada es precario.
Del brillo de tus ojos
a disfrutar el tiempo lento.
Y cuatro cosas útiles de tu gesto cierto.

Y muchas cosas más de ti aprendí.
Y quedaba mucho por hacer.

A tirar el lastre de eso que es la existencia.
Del tráfico, del peso de los lunes.
Gris, cielo, hoguera, camino.
De películas malas.
A robarle el tiempo al minutero,
que los relojes matan el tiempo.

Quedaba mucho por hacer:
recoger los sueños en las noches frías
como cuando no hay peces
recojo las redes vacías.
Quedaba mucho por hacer.
Quedaba mucho.


Aprendí a sumar lo lógico y lo incierto.
A poner la mesa.
Aprendí a tolerar la presencia necesaria
de las arañas.

Aprendí a soportar sólo lo soportable.
Y quedaba mucho por hacer,
rechazar el tedio, luchar contra él.
Y quedaba mucho por hacer.

Limpiar de malas hierbas el prado,
arrancar las rejas y cercados.
Hacer montones: perros con gatos.
Hacer montones: soles y estrellas.
Borrar las señales de vuelo
para que los pájaros sean dueños del cielo.

Y quedaba mucho por hacer,
Y quedaba mucho por hacer,
Y quedaba mucho por hacer,
Y quedaba mucho por hacer...

Manolo García.
Arena en los bolsillos, 1998.