la frase del momento

"¿No es la cerveza la bebida de la sinceridad, el filtro que disuelve toda hipocresía, toda la comedia de los buenos modales, e incita a sus aficionados a orinar sin pudor y engordar con despreocupación?"

M. Kundera


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viernes, 10 de octubre de 2008

Muerte y resurrección del Sátiro del Raval.


Luego pasamos días y días cegados por el sol, reconfortándonos en su cálido remanso, disfrutando de las sutiles mieles de un reloj parado, pero que sibilinamente se había ubicado en nuestra sucia pared. Y un azaroso día, discretamente y casi timorato, pero cargado de ruin perfidia, el segundero voceó, casi sin darnos cuenta, y avanzó. ¡Como pudimos no hacerle caso!

Entonces pasaron los minutos, las horas y los días, y a cada paso de las agujas, nosotros éramos empujados con molesta brutalidad a avanzar con ellas. Pero el sol seguía brillando y nos embriagaba como un gintonic de Gordon's con Schweppes y unas rodajas de lima agria. Era como un mito de la caverna autoinducido.

La peor de las pesadillas nos había convertido, con la complicidad absurda de nuestra propia voluntad, en unos Prometeos hibernados, que disfrutaban de las fauces de los buitres ante la extraña visión de nuestras entrañas regeneradas. Y cada mañana sonaban los Byrds.

Pasó el invierno y llegó la primavera, sin lluvias, ni flores, ni noches de litrona, ni amaneceres de delirio. Y llegó también el verano y también se fue, confuso y triste. Nuestro latir sonaba ya al unísono con el protervo reloj, que tronaba con sonido aterrador a cada segundo, mecánicamente y uniforme, como los tambores de una galera de la que nos habíamos vuelto esclavos.

Pero entrado el otoño retumbaron las paredes de nuestra caverna con un aullido colosal, gigantesco, inconmensurable, infinito. Parecía talmente el sonido del bostezo de las tinieblas y de todos los infiernos juntos. Parecía talmente el despertar de todas las bestias hibernadas. Parecía talmente la ira de Dionísio, Sade, Hank y Van Doren.

Y ante nuestro asombro entumecido, atrapados entre una mezcla de pánico y fruición, derrumbó las paredes de la caverna soleada una tormenta oscura y fría, de vino y cerveza y gintonic y semen, de música sucia y bastarda, de pelos y pulgas y cucarachas y ratas. Y entre las grietas de las paredes se abrió paso poderoso, porfiado, ignominioso, y desgarbado, el Sátiro del Raval, atacado en furia, esputando sangre y flema, mirándonos con odio y compasión, con el rabo enhiesto en una mano y una botella de ron vacía en la otra.

Entonces nos habló con voz ronca y vehemente, y cada una de sus palabras arrancaba de nuestros cráneos piel, hueso, sangre y vida, y sentíamos desgarrarse nuestras entrañas y podrirse nuestros falos, y el Sátiro lamía nuestra sangre y comía nuestra piel y se jactaba de nuestra vida. Luego enmudeció su ira y se hizo la oscuridad.


Más tarde el Sátiro se recostó y, ya apacible, se relamió durante largo tiempo. De una bota de piel de cabra tragó galones de vino y, tras eructar generosamente, encendió un gran cigarro cuyo humo evadió la tormenta e hizo resplandecer un sol cálido y frío a la vez.

Sólo entonces logramos entreabrir los ojos y, casi extasiados, recibimos de sus patas la bota de piel de cabra, lúbrica y eterna. Y ávidamente sedientos, engullimos hasta casi desfallecer. Nos pareció intuir entonces una sonrisa en la ruda faz de nuestro mentor y, por fin, entendimos.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La tal Conchita, crítica de cine

Para un ser que tiende al solipsismo como el que esto escribe, el invento decimonónico éste de la radio es una de las pocas ventanas virtuales (más allá de las reales que muestran, como entretenido reality show, el lumpen proletariat que preside la calle) que permiten contactar con eso que llaman la sociedad. Normalmente estas ventanas virtuales me reafirman en mi irredente solipsismo. Con la coña le hemos cogido gustillo a radio ciutat vella por su exquisita habilidad de mezclar jazz con death metal. Agosto, con ese delicioso aire de provisionalidad que destila, nos permitió disfrutar de la ausencia de verdadera programación y nos brindaban el ya mencionado hilo musical a todas horas, para solaz de los moradores del piso franco.

Desgraciadamente, con el septiembre, hemos vuelto a la tediosa normalidad, también en la programación. He tenido el placer de escuchar un programa sobre cine, llamado, no sé si irónicamente, Gran Angular, que tiene la dudosa habilidad de dotar de significado perfecto, cual mundo de las ideas de Platón, el término de radio de aficionados. Inigualable la destreza en contar improvisadamente películas de forma desordenada, abundando en la imprescindible muletilla no me acuerdo bien. Ha resultado particularmente entrañable ya que recordaba aquellos tiempos de infancia en los que ibas al cine y no contabas con suficientes recursos cognitivos para explicar luego a tu madre el argumento de la peli coherentemente.

Ha sido tal la falta de pericia que ha servido para divertirse especulando sobre el criterio de elección de los locutores. ¿serían los únicos que pasaran por ahí que se ofrecieran para ir regularmente al cine? ¿sería la suegra de algún capitoste de la radio (me refiero a la tal Conchita, que en sus inefables intervenciones era inevitable recordar a la típica tieta bocazas de turno) emperrada en difundir por las ondas hertzianas sus burdas y casi chavacanas opiniones cinematográficas? El mozo que la acompañaba, aparentemente más sensible y con mayor educación cinematográfica, parecía apenas poder disimular el sofoco y el tedio de tener que aguantarla. Si los responsables se encuentran con la casualidad de leer estas lineas, les ruego que contemplen la posibilidad de sugerirle a la tal Conchita que pase las tardes de miércoles jugando a la butifarra o a lo que tenga a bien la buena mujer.

La intervención estelar de la tal Conchita ha estado en su crítica de la lamentable película de Woody Allen Vicky, Cristina, Barcelona que la ha basado en hacer patente su indignación por mostrar, y cito textualmente, que Barcelona es España. Resultaría chocante si no fuese habitual por estos fueros, tanta consternación por la ausencia de la lengua catalana para hablar de la "identidad barcelonesa" (ella sabrá qué carajo es eso) por parte de un gringo que ahora empieza a salir de Manhattan (y apenas como turista), expresada por una señora que habla un catalán tan macarrónico, con una fonética y un léxico, trufado, mira tú por donde, de castellanismos de una forma bochornosa. Elocuente ha sido el momento en el que, explicándonos con su salero particular una peli de vaqueros, ha preguntado cómo se decía en catalán bandidu y ha empezado a soltar sinónimos en, claro, castellano: forajido, delincuente... Alguien le podía haber aclarado, para evitarle tan mayúsculo ridículo, que bien puede decir bandit en la lengua de Pompeu Fabra (yo imagino el dulce sadismo de su compañero callándose como un putas). En fin, retales de la Cataluña real. Uno a veces olvida a qué viene su animadversión al nacionalismo y ya me acuerdo: es mero cansancio por una impostura ridícula, gratuita y arrogante.

Hablando de ridículo, voy a aprovechar para no dejar de comentar por qué me resulta lamentable la dichosa peli de Woody Allen sin haberla visto. Ante todo por el lamentable espectáculo ofrecido por las fuerzas vivas locales de torpe provincianismo a lo bienvenido Mr. Marshall haciéndole la rosca al cómico neoyorquino (qué circunloquios más periodísticos, pardiez) por salir en la afoto, pagándole millonadas para que haga su populista peliculilla barcelonesa (supongo que como mera excusa de gozar de unas vacaciones pagadas en una ciudad de moda), por parte de unos politicastros que se llenan la boca con eso de apoyar la cultura catalana, pero a la hora de la verdad, ya vemos.

lunes, 18 de agosto de 2008

La decadencia de Occidente

Vivíamos en el Piso Franco en una mansa indolencia en la que por desidia, dejadez o cómoda complacencia postergábamos sine die las tareas pendientes, perjudicando, como es por la inmensidad de la red sabido, la habitabilidad del habitáculo. En un inusual arranque hemos atajado de un plumazo la guarrería acumulada en todo este tiempo en áreas como el escritorio o la nevera, aún territorios vírgenes, qué duda cabe, mejorando la comodidad del piso. La verdad es que tras este inaudito episodio me he visto impelido hoy a mantener mínimamente la habitabilidad con puntuales fregoteos de rutina, antaño tan escasos. Ignoro cuánto durará este sorprendente celo y especulo que no demasiado.

La cuestión es que me recuerda viejas teorías historiográficas, obsoletas y denostadas, sobre el vigor de los pueblos y civilizaciones. Historias de decadencias morales arrasadas por un ímpetu externo o renovador. Se sabe que son visiones de la Historia simplistas y moralistas, fundamentadas en frívolas especulaciones psicologistas pero que resultan sugestivas. No voy a negar, por otro lado, el desinterés de la historiografía por la psicología social como elemento a tener en cuenta, pero esa ya es otra historia. De lo que se trata es que siento como si los bárbaros hubiesen arrasado el Imperio Romano. Entonces me pregunto con pavor si es el fin de los excesos orgiásticos y el triunfo de la recatada vida monacal. Un frío escalofrío recorre mi espalda. Confío en el natural hedonismo de la idiosincrasia del piso franco.

Sé que el título invita a una oportuna cita de la obra cumbre de Spengler, pero no nos vayamos a engañar, no tengo estómago para tragarme las 1416 paginazas de los dos volúmenes de La decadencia de Occidente ni soportar las paridas del muchacho.

viernes, 13 de junio de 2008

Volviendo al viejo Hank

En anteriores entregas, ya habíamos comentado que el viejo Hank era un referente moral en el Piso Franco. No en balde, nos ofrece una impagable cobertura ideológica. Valga como ejemplo el siguiente pasaje de su novela Mujeres:

-La primera cosa que me gustó de ti -me dijo Lydia-, fue que no tuvieras televisión en casa. Mi ex marido se pasaba todas las noches y todos los fines de semana viendo la televisión. Hasta teníamos que supeditar el sexo a los horarios de televisión.
-Humm...
-Otra cosa que me gustó de tu casa fue que estaba guarra, con botellas de cerveza por todo el suelo y montones de basura por todas partes. Platos sucios, manchas de mierda en el retrete, costras en la bañera, todas esas cuchillas de afeitar oxidadas tiradas por el lavabo. Supe que serías capaz de comerme el coño.
Bukowski, charles: Mujeres. Barcelona, editorial Anagrama,1994. p. 22.

Nuestra innata humildad no nos permite presumir de nuestras habilidades amatorias (aunque permítanme aclarar que en el Piso Franco siempre estamos dispuestos para la deliciosa actividad del cunnilingus y años de experiencia nos avalan), la cuestión es que nuestros habituales sin duda no podrán evitar las comparaciones. No voy a ser yo el que relacione las sublime actividad sexual mencionada con las condiciones del hábitat, pero sí que voy a reconocer el capote de legitimidad que nos brinda el bueno de Hank. Así que, no se nos quejen tanto de las cucarachas.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Satusfacción

Hoy me he dedicado a una de mis mayores aficiones, uno de esos placeres que te reconcilian con el mundo. Sí, efectivamente, hoy he consagrado la tarde al dolce fer niente, con total voluptuosidad, con mayúsculo descaro. No es que anduviera inmerso en una actividad estajanovista como en otros tiempos, pero sí, me he quitado recientemente de encima una incómoda carga, de esas que te permiten pasar página de una mera fuente de tedio.

Así es, como el lector perspicaz habrá imaginado, ya me he quitado de encima el vano CAP. En breve las autoridades competentes, Dios mediante, certificarán mi supuesta, aunque indudable, aptitud pedagógica, para que pueda campar por los institutos de este país dando lecciones de moderación a los incautos mozalbetes. Con la satisfacción del deber cumplido, casi la misma que debió sentir precipitada y frívolamente nuestro querido Bush cuando osó clamar aquello de misión cumplida (por más que evoque aquello de risión cumplida de los pirados de Mamá Ladilla) con lo de Irak, me he sumido en un gozoso stand by de ocio y siesta, cogiendo fuerzas y espíritu para la siguiente tarea vanal pero ineludible: cubrir el expediente con la parida esa del DEA (menudo festival de siglas pretenciosas y hueras que me estoy tragando), dándole, así, gusto al Estado para que me permita formar parte de sus cohortes.

Tras este paréntesis, aprovechado para compartir con la inmensidad de la red mi dicha, vuelvo a mi actividad ya mencionada, con la deliciosa lectura del bueno de Jacques Le Goff.

Sean buenos.

martes, 19 de febrero de 2008

Orfandad cibernética

Sumidos en letargo invernal cual admirados osos, hemos osado dejar en una decadente orfandad cibernética al malogrado blog del Piso franco. Posiblemente es de admirar el tesón que pone la gente en las cosas y en particular en eso de actualizar sus blogs personales. Pero el respetable comprenderá, si ha tenido ocasión de familiarizarse con el cortoplacismo, que es una cuestión de coherencia intelectual, especialmente en aquello que uno ejercita como diletante, que a falta de especial inspiración o energía, más vale centrarse en otros menesteres. En definitiva, qué queréis que os diga: Sí, hemos estado excepcionalmente vagos. La casa sigue en el estado de insalubridad acostumbrado y advierto a la concurrencia que la situación no tiene visos de cambiar. Ya se verá. De momento suelto alguna letruja para ejercitar los músculos de la mano con alguna actividad que requiera movimientos diferentes al del onanismo habitual.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Año nuevo: formas y motivos de celebración

No sé si será porque voy por la vida de incorregible iconoclasta, pero el caso es que repudio la celebración y muestras de júbilo por un acontecimiento tan banal y rutinario como es el cambio de dígito en el calendario, como si comportase un verdadero cambio en nuestras vidas que contemplar. Siempre recordaré, no sé si de forma traumática, la ansiedad paterna por el retraso en la cena que no nos permitiera admirar con toda su solemnidad ese inolvidable momento en el que se cierra un ciclo anual y se pasa de nuevo a 1 de enero. Todos expectantes ante ese inasible instante en el que se pasa de las 23:59 a las 00:00 -suceso que se da todos los días del año-, y tras ese extraordinario fenómeno, me azotaba una poderosa decepción: tanta expectación y todo seguía exactamente igual.

Ante tamaña expectación, a uno le cabía esperar un cambio radical como el que se sugiere para el lejano 476 d.c. cuando el hérulo Odoacro tuvo a bien devolverle las insignias imperiales al emperador Zenón, acontecimiento con el que se tiende a dar por finiquitado el Imperio Romano y se nos abre a la sugestiva imaginación la lúgubre y romántica edad media. Luego uno descubre que el cambio no fue para tanto, que las transformaciones eran constantes y venían de lejos y que la legitimidad del poder en Italia todavía residía en bases romanas e imperiales. De hecho, el Imperio Romano no cayó efectivamente hasta que los turcos se instalaron en Constantinopla en 1453, prácticamente 1000 años después, fechas en las que las que ya ubicamos el cambio a la edad moderna. Y es que las verdaderas revoluciones no vienen por un repentino asalto a los palacios de invierno, sino que son producto de transformaciones lentas. Y eso, para alguien que se ha dejado seducir por la mística de la revolución, es duro.

Si a todo esto le sumamos la abominable programación de TVE tras las campanadas, es normal que se instalase en mi tierno corazoncillo infantil cierta reserva a esta celebración. Máxime cuando uno comprende, como ya hemos aclarado en algún otro momento, que lo importante son las ganas de celebración y no el motivo en sí. De esta forma, cuando uno acude al bar habitual, o a cualquiera, en esta señalada fecha y comprueba el gentío que hay y los precios que tienen intención de cobrarte por el burbujeante gintonic de siempre, se pierden las ganas de celebración que se pudieran albergar. Por este motivo, voy a aprovechar mi soledad en el Piso Franco para dedicarme, mientras el resto de los españoles optan por la ingesta de doce exactas uvas, a darle un buen limpie al Piso Franco, que, como los habituales sabrán, buena falta le hace. Quizá muchos entiendan que es la mejor forma de dar inicio al nuevo año. Pasen una feliz resaca.

martes, 25 de diciembre de 2007

Feliz aniversario

Amigas, amigos, compañeras, compañeros, discípulas, discípulos, acólitas y acólitos varios:

En estas frías fechas de horrible fiesta pagana salpicada de confesionalismo y disfrazada, en patética desvergüenza consumista, nuevamente, de paganismo... En estas fechas, decía, los indecentes inquilinos del piso franco, en la armoniosa compañía de nuestros ínclitos visitantes, celebramos el primer aniversario de esta pequeña ventana al mundo que ofrece internet.

En efecto, hoy hace un año se inauguró este sparring verborreico y, con él, la doctrina filosófica del cortoplacismo que, pese a no acumular un gran corpus teórico (por ahora), podemos afirmar con orgullo que ha avanzado a pasos agigantados en su praxis, a través de nuestros trabajos de campo.

Sería menester homenajear a continuación a todos aquellos conocidos, aconocidos y desconocidos que habéis dignificado este espacio con vuestros comentarios (bueno, algunos lo han ensuciado más que otra cosa, pero queda feo decirlo...) y, muy especialmente, a aquellos (y aquellas, como manda el correctismo patético) que nos habéis acompañado en nuestras epopeyas hedonistas.

Desdichadamente, no dispongo en estos momentos del adorado etílico, por lo que no os voy a poder homenajear. Sugiero, en cambio, propongo y recomiendo a la concurrencia que os acerquéis al Piso Franco con dignos cargamentos de la susodicha sustancia (y otras que podáis imaginar).

Pisofranqueñas y pisofranqueños,
disfrutad del momento, que igual mañana se acaba!

lunes, 17 de diciembre de 2007

Crónica de un fracaso

Culinario, en este caso. Una tarde perdida hirviendo judías, para que al final se me quemaran. Podría resultar simbólico, pero de un simbolismo tan trágico y estúpido que no encuentro referente. Cinco horas con fuego a todo brío, para unos fréjoles recalcitrantes que con cinco horas de ebullición no han dejado de estar duros. Y un instante de distracción, embelesado en banal lectura, ha sido suficiente para que se consumiera ridículamente el agua, se quemara el invento, y redujera aún más al absurdo una tarde desperdiciada, en la que desprecié una anhelada siesta y que, finalmente, se ha demostrado que hubiera sido más fructífera. El Piso Franco está inundado de un penetrante olor a chamusquina que yo mismo voy desperdigando a medida que me desplazo, mientras ando con semblante resignado, trágica y patéticamente resignado. Son solamente unas judías, a penas una tarde, únicamente mi vida.

martes, 4 de diciembre de 2007

El triunfo de Baco


Siempre hay motivos de celebración, porque, como es bien sabido, lo importante no es el motivo, sino la celebración, o más bien, las ganas de celebrar. En nuestro caso, tras un año de apoteosis hedonista en el Piso Franco, se imponía una celebración a la altura de la efeméride, por ello, nada mejor que consagrarse a los excesos etílicos, honrando la memoria de Dionisos, en sublime hermandad con entusiasta libación del siempre sagrado vino -por qué no del Penedés-, dejándonos llevar por una improvisada bacanal.

Así pues, en el Piso Franco, como no podía ser de otra manera, ha triunfado gloriosamente en todo su esplendor Baco, a través del rito mistérico que inesperadamente se consumó, no sé si solemnemente, y que, al final de cuentas, sirvió para la introducción de un catecúmeno. Otros ritos abogan lúcidamente por el cordero o el pan y el vino, pero también se puede comulgar, por ejemplo, con Gintonic o lo que buenamente te pida el cuerpo.

jueves, 11 de octubre de 2007

Tiempo de setas

Llueve a cántaros en Barcelona. El otoño anuncia su llegada paulatinamente, asentándose poco a poco en la metereología y, así, en nuestras vidas. El ciclo anual se va estableciendo inexorablemente con una ortodoxia propia de libros de texto. Empezamos a lucir ropa de abrigo y dejando atrás los hábitos que cada año adquirimos en verano.

En el Piso Franco estamos espectantes. Aguardamos ansiosos, salivantes, que las lluvias hagan su normal efecto en el humus de los bosques cercanos y trufen la campiña mediterránea y, con ello, el mercado, de setas. Ya asoman los primeros ejemplares en las paradas a precios aberrantes. Nosotros, como buitres leonados, como seres secundarios de la cadena alimentaria del capitalismo, sobrevolamos en círculos, esperando que el mercado se sature de tan sabroso manjar y se sitúe a nuestro alcance económico. Como brokers del estómago, cual buitre leonado hambriento y paciente, nos abalanzaremos sobre tan deseado producto y nos daremos el festín anhelado, a base de salteado de morcilla. Celebraremos, así, el rito del equinocio descorchando un vinazo para acompañar tan suculento plato y daremos, de esta forma, por abierta la temporada gastronómica del frío.

Y que vengan los estofaditos.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Del temido estrés

Juraría que la incógnita más difundida a lo largo y ancho de la red (y fuera de ella) es por qué millones de blogs están dedicados al anodino relato insufrible de las patéticas y banales vivencias de su autor.

No me cabe duda alguna de que la respuesta está más bien alejada del tema enunciado en el título de esta divagación y, de hecho, cuando tenga tiempo disertaré sobre lo peregrina que debe ser la vida de un habitual autor de blogs (sobre todo de los fotologs esos, que dan una grima que pa qué).

Sin embargo, el estudio estadístico (¡OH SÍ! ¡ESTADÍSTICO!) de la frecuencia de actualización de este blog arroja unos datos sobrecogedores. No es por afán competitivo, pero últimamente parece El Blog de Jacobino Irredento, y temo que las bibliotecas públicas de nuestro país se vean desbordadas por hordas de lectores en busca de diccionarios enciclopédicos.

Como no desearía caer en el estruendoso error de practicar aquello que denuncio y, por otra parte, no tengo tanto tiempo, me remitiré a la frialdad de los datos estadísticos de la última temporada:

Récords:

- Litronas de cerveza vacías sobre la mesa: 12 (más una botella de refresco de Cola que nadie recuerda cuanto tiempo lleva aquí)
- Días sin fregar el suelo: 180
- Horas con el mismo CD: el CD se engancha. Agradecemos donaciones para comprar un equipo nuevo.
- Comensales: 0
- Ceniceros rebosantes distribuidos por el hogar: 8

Medias:

- Precio por plato: ya no tenemos tiempo de calcularlo.
- Borracheras semanales: 7/persona
- Horas de trabajo semanales: 52/persona
- Fidelidad de los camellos: ¿eso qué era?
- Vida social: se detectan trazas.
- Entradas publicadas (últimos 6 meses): 0,08/día

Conclusiones:

Constatamos que las recomendaciones indicadas en el último estudio han sido ignoradas, vilpendiadas, humilladas y profanadas. Exigimos al Muy Honrado Consejo del Piso Franco que comparezca con carácter de urgencia para explicar la situación, caso contrario solicitaremos su inmediata dimisión. No descartamos pedir la intervención de la UE por flagrante violación de la Declaración Universal de los Derechos Inquilinos.

Fuente: CEEPF (Centro de Estudios Estadísticos del Piso Franco)

martes, 25 de septiembre de 2007

El componente fascistoide de la higiene

Reconozco públicamente, con la misma vergüenza expresada por Günter Grass por su pasado nazi, que me he dejado llevar por la ira al encontrarme un nido de cucarachas en el eso donde se guardan los cuchillos y de un arrebato me he puesto a hacer limpieza- al fin, diréis muchos- en esa roñosa cocina. A golpe de higiene he ido exterminando, con minuciosa saña, todas las cucarachas que se me han puesto a tiro, con el deseo incontenible y no sé si inconfesable, de aniquilar a las cucarachas de la faz de mi cocina. Una furiosa pasión se ha adueñado de mi pecho. Sí, estaba fuera de mí.

Inmerso como estaba en esa lógica higiénica y purificadora, a medida que mis humores volvían a su habitual equilibrio, me he asustado al comprobar el ímpetu, el ardor guerrero que momentáneamente me ha invadido, asomando, de esta forma, el pequeño fascista que todos llevamos dentro. Entonces me he planteado el componente fascistoide de la higiene, esa ansia por limpiar, por dejar impecable, con su elemento estético, esa asepsia artificial, ese odio, ese acabar con la mierda, considerada portadora de todos los males, esa necesidad de sentirse dueño y dominador del espacio. Esa irreal lucha por un mundo imposible donde solo cabe tu pura higiene y que se de da de bruces con un mundo más plural, variopinto e incontrolable. ¿Dónde está la conviviencia con la mierda? ¿y con las cucarachas? ¿Por qué me atribuyo esa cocina si esas inocentes cucarachas pasan más horas que yo, más parte de su vida que yo de la mía en ella?¿Por qué acabar con ellas si son pacíficas e incluso esquivas?¿Por qué ese reguero de cadáveres de cucaracha? Me miro el bote de cucal, me vienen a la cabeza símiles sencillos y me pregunto qué me hace pensar que soy mejor que ellas.

Es difícil mantener un hogar habitable y no experimentar poderosos debates morales. Si a ello le sumamos lo agotador de la actividad, espero que la humanidad comprenda en silencio el estado cochambroso del Piso Franco.

lunes, 20 de agosto de 2007

La epifanía del sátiro del Raval

Entre cánticos dionisiacos, danzas voluptuosas y desenfreno etílico, celebramos hoy en el piso franco la llegada al mundo de nuestro mesías, nuestro paladín, nuestro guía espiritual. Un anticristo venido de nuestras peores resacas, de nuestras libidinosas pesadillas, de nuestros ínfimos momentos de lucidez.

El mundo no volverá a ser el mismo... y este blog tampoco. Fe de ello presta el escudo de armas del piso franco, visible en adelante en la cabecera de la web, tal como establece la ley de banderas 39/1981 acordada por el Muy Honrado Consejo del Piso Franco.

jueves, 12 de julio de 2007

Gintonic en reducción

* Energía: 32,90 kcal
* Proteínas: 1,85 g
* H.C.: 4,25 g
* fibra: 0,00 g
* Ácidos grasos saturados: 0,00 g
* Ácidos grasos monoinsaturados: 0,00 g
* Ácidos grasos poliinsaturados: 0,00 g
* Colesterol: 0,00 mg
* Ca: 31,45 mg
* Fe: 0,00 mg
* Zn: 0,00 mg
* Vitamina A: 3,70 µg
* Vitamina C: 63,60 mg
* Ácido fólico: 11,10 µg




Por cortesía del Señor Sanz, que, al igual que toda una intelectual de la talla de la Barbie, lee la wikipedia, colgamos esta básica, a la par de elegante información. Con todo, nos aventuramos a ofrecer otra sugerencia de presentación que, a parte de resultar mucho más entrañable, es, sin lugar a dudas, mucho más acorde al piso franco.

Salud y gintonic.

lunes, 7 de mayo de 2007

El asno y el sabroso regusto de la miel

Si es que el refranero, ese mamporrero del lenguaje, lo expresa con meridiana claridad: No está hecha la miel para la boca del asno. No obstante, la cuestión es que el desdichado pollino, acostumbrado a un sino culinario basado en las desábridas algarrobas, poco acostumbrado está a la degustación de las dulces mieles sean del tipo que sean. Más habituado a cargar pesadas alforjas ante la infructuosa y cruel espectativa de degustar una simple zanahoria, imaginaos el caudal de sensaciones, impresiones e incluso emociones que se apoderarían de él en el momento en el que le dejaran, no sé si de forma igualmente cruel, con la miel en los labios. Como una revelación, como un fugaz episodio místico, sus maltratados morrazos hechos, a golpe de resignación, al sinsabor de la algarroba gozarían por un instante efímero, apenas aprehendido, de la dulzura de mil flores.

Después de ese solemne roce con lo más cercano a la idea de belleza, perdónenme este lamentable desliz platónico, que se haya encontrado nunca la acémila, cómo puede ésta reaccionar. Paladeando todavía el regustito dejado en su hocico, rememorando ese instante sublime en el que ha descubierto que, al menos en el paladar, este mundo no tiene que ser necesariamente un valle de lágrimas.

jueves, 19 de abril de 2007

De los viajes súbitos y efímeros

Siempre es interesante reencontrarse con uno mismo indagando en el interior de los demás y descubrirse con sorpresa ante lugares y situaciones otrora desconocidos. Comprender mis propias reacciones me ayuda a asumirme, pero también amplía mi limitada capacidad de reflexión. Será por eso que adoro viajar...

Es la Normadía una tierra húmeda y rica, que se sobrepone con fuerza a sus circunstanciales moradores. Éstos han sabido respetarla y cabalgar a su lomo, y son grandes amantes de la sidra y el Calvados. La paz del Sena embriaga, y los bosques en primavera hacen pequeñas las paletas de los impresionistas, tal es su riqueza.

Rouen brilla con fuerza prestada por los jóvenes estudiantes que, provenientes de los más remotos rincones del mundo, buscan una enriquecedora experiencia, menos académica que social. En efecto, la vida cosmopolita de una ciudad universitaria, en contraste con el carrinclón reaccionario y carca de pueblos y urbes castizos, es una de las pocas visiones que mantienen mi fe en una sociedad más sensata, emanada y levantada necesariamente por una generación postmoderna, desligada de los traumas y prejuicios de otros tiempos moribundos.

Recuerda el Sena, a su paso por Rouen, aromas de París, ese gran monstruo frío y cautivador, y nos cuenta historias de su apacible paso por el pequeño Vernon. Contemplando desde esa soleada orilla los cipreses de la otra vera, a los que aún percibo como muy lejanos, pensaba en la inexorable fuerza con la que las aguas arrastran hacia el mar, y a la vez en cómo un minúsculo abrojo es capaz de cambiar, desde su remoto nacimiento, el curso de un río. Y me pregunto cuál fue el abrojo de mis aguas...

Entretanto, seguiré pescando cual ánade distraido esperando el próximo tren hacia ninguna parte.

lunes, 26 de marzo de 2007

Una sola letra marcó la diferencia.

Una sola letra marcó la diferencia.

Esa letra demostraba que nunca le había importado. Era indiferente de quién se tratase porque, al fin y al cabo, el tema no podía trascender. Solo tenía que estar ahí, latente, en una constante dependencia que mantuviera su autoestima, y solo eso hacía que fuera triste perderlo.

Una minúscula n en un 12 de febrero marcaba la diferencia entre lo humano y lo espiritual, entre él y cualquiera. Y, a la vez, le daba sentido a todo. Justificaba, precisamente, que aún cuando la negativa había sido sempiterna, pudiera existir tristeza en la pérdida.

domingo, 11 de marzo de 2007

Una escena del Raval como alegoría utópica de un mundo armónico.

Ayer el Muy Honrado Consejo del Piso Franco decidió trasladarse para presenciar y formar parte de uno de los eventos más emblemáticos de la contemporaneidad, es decir, un Barça-Madrid. El fútbol es un oportuno subterfugio inocuo de los impulsos tribales y competitivos de los que adolece la humanidad, que aplaudimos. Mucho mejor que se desaten estas pasiones en la banal lid de las periódicas competiciones deportivas que trasladarlas al más trascendente y peligroso ámbito legislativo. Mucho mejor aspirar a machacar al rival en un tanteo deportivo que en otras terribles situaciones. Las apoteosis identitarias y simbólicas en un estadio de fútbol lucen mucho más bellas que en la arena política, dónde va a ir a parar.

Acudimos a una cercana tasca que está sabiendo resistir las presiones de la moderna estética y mantiene, de esta forma, el calor y familiaridad de los antiguos baretos de toda la vida. Nunca me dejará de sorprender cómo los inmisericordes horteras que reivindican pomposamente las tradiciones en el ámbito político son totalmente insensibles a las manifestaciones populares que nos dan continuidad y riqueza cultural. Resulta paradójico que en una región como Cataluña, de una forma aparente, machaconamente celosa de su pasado, resulte que no hay verdadera sensibilidad por los elementos culturales idiosincráticos. Así, no hay interés alguno en conservar los establecimientos que le dan historia a una ciudad o, aún más sorprendente, hay un desinterés total en conservar el patrimonio arquitectónico. Uno acude a una región poco sospechosa de dejarse llevar por estos devaneos identitarios como la cántabra y constata con sorpresa el celo con el que han conservado la arquitectura tradicional, con un gusto impensable en otras tierras. En Cataluña, sin embargo, dejamos derrumbar, sin ir más lejos, innumerables y exquisitas masías por la mera desidia, porque realmente el nacionalismo no encierra sensibilidad por el pasado, las tradiciones o lo que se quiera, sino que esconde un obsceno complejo de superioridad.

Pero volvamos a la tasca. Decíamos que acudimos a un establecimiento del barrio de relajadas formas. Hay gente, y ahí la gracia de la libertad, que prefiere establecimientos que dispongan de una cuidada imagen, pero yo prefiero lugares que rezumen el carisma y la personalidad de su gente, que establezcan un ambiente desenfadado y cercano a la vez que, como fue el caso, primen el precio, el calor humano, la cervecita bien fresquita en jarra helada y si encima disponen de unos callos deliciosos ya poco más se puede pedir. Aprovecho la oportunidad que me brinda la red para, con sincera gratitud, hacer un poco de publicidad de este abandonado local que podrá nuestra audiencia encontrar en la Calle d'en Roig.

Con todo, una taverna es también su parroquia y ésta, como no podía ser de otra manera, a pesar de su rancio abolengo castizo, presentaba la rica y sana pluralidad del Raval. Moros, negros, españoles y alemanes disfrutando en sublime armonía de un partido vibrante, jaleando a ambos equipos. En una especie de alegoría de la pluralidad y el espíritu deportivo, la parroquia se dividía entre ambas aficiones creando una atmósfera la mar de entregada al espectáculo. Al final el resultado, un abultado 3 a 3, parecía querer acompañar este ambiente, de tal forma que ambas aficiones se retiraron sonrientes y cómplices. Con todo, morbosamente quisiera saber la visión de Puigcercós sobre la integración de los moros que jalearon a los merengues.

jueves, 8 de marzo de 2007

Cifras

Arrastrados por el amor incondicional a esa disciplina, empezaremos a realizar un estudio estadístico del piso franco. En un alarde de originalidad sin precedentes, hemos decidido (me encanta el plural mayestático) dividirlo en dos frentes: medias y récords.

A bote pronto, así van las cifras:

Récords:

- Litronas de cerveza vacias por tirar: 49
- Días sin barrer: 30
- Días sin bajar la basura: 14
- Horas con el mismo CD: 10 (obras completas de Manolo García)
- Comensales: 7
- Pitis en un cenicero: indefinido e indecente (ver foto adjunta).



Medias:

- Precio por plato: 0,30€
- Borracheras semanales: 2
- Horas de trabajo semanales: 31/persona
- Fidelidad de los camellos: sin repetición.


Primeras conclusiones del estudio:

El índice de consumo y la optimización de recursos higiénicos van en la línea esperada, incluso mejorándola levemente. Sin embargo, se observa una preocupante descompensación entre el ocio y la recaptación de medios para el idem. Se recomienda encarecidamente al Consejo del Piso Franco que desarrolle urgentemente un plan de choque para corregir dicha disfunción.

Fuente: CEEPF (Centro de Estudios Estadísticos del Piso Franco)