la frase del momento

"¿No es la cerveza la bebida de la sinceridad, el filtro que disuelve toda hipocresía, toda la comedia de los buenos modales, e incita a sus aficionados a orinar sin pudor y engordar con despreocupación?"

M. Kundera


jueves, 1 de febrero de 2007

Del anacronismo parlamentario y la invasión callejera

Hace tiempo que sospecho que la brecha ciudadanos/políticosprofesionales se debe a la falsedad inherente a esta "nueva" clase social. Hoy, sin embargo, he tenido la suerte (sí, sí, he dicho suerte) de asistir a un pleno de una institución política representativa regional, el llamado Parlament de Catalunya.

Si hasta hoy sospechaba, ahora sé a ciencia cierta: los parlamentos son una pantomima.

Trataré de ilustrar mi opinión con un ejemplo visual de la reunión de hoy, que en tan alto grado hará cambiar nuestras vidas gracias a la bondad de los generosos representantes del pueblo llano.

Se debate la enmienda de un grupo parlamentario a una propuesta de ley determinada. A la palestra, el portavoz del citado grupo explica la motivación de su enmienda. En el hemiciclo, más asientos vacíos que ocupados; muchos más. En la cafetería, poco sitio. Los pocos diputados que calientan su escaño hablan con el de al lado en el mejor de los casos. El resto, se pasean arriba y abajo, dialogando con otros diputados e intercambiando incesantemente papeles que quiero presuponer relacionados con la enmienda en cuestión. Lamentablemente, más tarde me confirman que no existe tal relación.

Van tomando la palabra los portavoces de los distintos grupos. La situación es parecida, denotándose mayor volumen de rumor durante las intervenciones de los partidos más críticos con el gobierno. Un diputado de la oposición, otrora dueños de la región, habla incesantemente por móvil espatarrado en su butaca. Otros son más decorosos y entran y salen de la sala constantemente.

Finalizados todos los turnos, el Presidente del órgano proclama: "Vamos a proceder a la votación" y, sorpresa la mía, no prosigue, sino que aguarda paciente. Oigo sonar una alarma al exterior de la sala y en cinco minutos el hemiciclo se convierte en un hervidero donde no queda un asiento para el bedel. Ahora sí, el Muy Honorable enuncia las propuestas sometidas a votación y propone asentimiento. Dado que no hay manifestación alguna, todo queda aprobado sin más.

El Presidente da paso al siguiente punto del orden del día y toma la palabra un simpático diputado, que pretende explicar su original y amable propuesta para expandir el uso de Internet en la administración. Tristemente, no logro escucharle, porque desde que empieza su discurso la sala se vuelve a convertir en un comedor de colegio donde todo el mundo habla y se mueve, hasta que en breves minutos el hemiciclo ha quedado vacío casi por completo, mientras el diputado prosigue impertérrito.

La escena se va repitiendo porfiadamente, en ocasiones con votaciones de verdad. Durante estas, los portavoces de los distintos grupos mantienen levantado un brazo, unos el izquierdo, otros el derecho, en el que señalan visiblemente con uno o dos dedos el sentido de la votación a sus despistados compañeros de partido, que evidentemente no saben qué están votando.

Todo ello me hace pensar, atónito, en el anacronismo que representa un parlamento. Hablar, lo que se dice hablar, se habla. Aunque es un poco como hablar a las paredes. Al fin y al cabo, todo lo que se va a decir ya está establecido y comunicado de antemano y las votaciones están cerradas.

La reunión física, el desfile de portavoces, incluso el solemne acto de representación activa, se reducen a un absurdo teatrillo, a una hilarante pantomima. Reír para no llorar.

¿Por qué no votan por Internet y dejan de dar la brasa?

Tanta abulia en el ejercicio de su responsabilidad política no me provoca más que una profunda desazón y pienso en lo absurdo del sistema, que diría la Sra. Mayol y me anima a manifestarme mediante otras vías, alejadas del marketing político: los movimientos cívicos, plataformas, asociaciones...

Pero, qué fatalidad, descubro zozobrado que la desidia mostrada por los partidos en el ejercicio de su representación política en las instituciones se ve reemplazada, inesperadamente, por el control político y la manipulación partidista de los movimientos cívicos. Desde asociaciones de vecinos o de inmigrantes, pasando por asociaciones llamadas "de mujeres", colectivos juveniles y sindicatos, hasta asociaciones de víctimas.

¿Tal es el alcance del poderoso marketing electoral? ¿El trabajo que no realizan responsablemente los políticosprofesionales se sustituye por la presión pública de una falsa sociedad civil?

Me resisto a creerlo, pero como soy contumaz y padezco de insomnio, me da por revisar los boletines y diarios oficiales. Primeras conclusiones: las asociaciones ciudadanas están subvencionadas. Particularmente, las que defienden a ultranza unas determinadas ideologías políticas: precisamente las de los que mandan. Esos, sí, esos que se ausentan de sus escaños cuando toca escuchar.

Cuando un servidor se pone a indagar en mayor profundidad, la galbana se apodera de mi ánimo como cuando la pila de platos sucios sobrepasa ya la capacidad del fregadero y no sabe uno por donde empezar, y es que la red es tan extensa que no descuida ni siquiera los sindicatos de estudiantes, de modo que el marketing se pone a funcionar desde la ideologización del último reducto de adogmatismo, si es que eso ha existido jamás (según el diccionario de la RAE, por lo menos, no).

Dicen, en países en donde se respeta la democracia representativa y la pluralidad política, que los movimientos cívicos sirven para hacer reaccionar a los políticosprofesionales y afrontar los problemas, aunque solo sea a la caza del voto. ¿Estarán los movimientos cívicos en esos países orquestados por los propios partidos políticos, como aquí?

Permítaseme dudarlo en compañía del último té de la noche. Nos queda tanto por aprender... ¿o es que ya lo hemos olvidado todo?

4 comentarios:

Jacobino irredento dijo...

No idealices. Efectivamente, es el ritual de las democracias liberales. A otra peña le da por los chamanes.

Influjo dijo...

Joder joder joder, qué triste, pero qué triste joder.

Jacobino irredento dijo...

Influjo, eres un sentimental:-D

Anónimo dijo...

Quiero dejar constancia de mi paso por aquí...pero llevo como cinco minutos intentando poner algo medianamente gacioso y o inteligente y no se me ocurre (preguntaros por qué...). Este hecho sumado a la parrafada que nadie se leerá (a ver si sintetizamos) me dan poco pie a decir algo con sentido. En fin, que me he pasado por aquí, que lo sepais. Que hay cosas un poco interesantes, otras no.
Y estoy ofendida por no tener la categoría de inquilina (tenía que acabar burxando...si no, no soy yo).

Ala, a cuidarse y esas cosas...y os debo un ron...